María Teresa Martínez: «Cualquier cosa vale para crear»
Maria Teresa Martinez Imaz ha creado todo un mundo de marionetas con material reutilizado desde que se jubiló
A María Teresa Martínez Imaz siempre le ha gustado el arte. De jóven pintaba y ha visitado numerosos museos y exposiciones en sus viajes junto a su marido. Pero desde que se jubiló, el arte tiene un nuevo significado para ella, pues ha creado todo un mundo de personajes, «todo con materiales reutilizados», como ella misma subraya. Primero comenzó haciendo txotxongilos o marionetas, pero fue aumentando el tamaño y también creó un grupo de gigantes o erraldoi-txikis y cabezudos, y ha hecho asimismo esculturas, todo a partir del material que tiene en casa.
«Me encantan las sorginas, tengo un montón, y los payasos. Erraldoi-txikis tengo a una pareja de arrantzales, otra de santaneros, de caldereros, un mago… y dos caseras del mercado de Ordizia, Maritxu y Consuelo, como mi madre y mi tía, un casero, Inaxio, y un pastelero, en homenaje a mi abuelo, Felipe Imaz, que era pastelero en Ordizia», explica.
Todos ellos conviven con otros tantos buruhaundis y esculturas, porque «siempre tengo proyectos en mente. Ahora estoy pensando en hacer un cabezudo pero más ceñido en la cabeza para ofrecerlo a algún grupo de baile».
Los museos y exposiciones que ha visitado en sus viajes le sirven de inspiración. «Siempre me ha interesado ver lo que hacían otros. Te guste o no, siempre hay algo que te llama la atención», explica. Eso sí, tiene claro que «no me gusta copiar».
Y es que su trabajo lo resume cómo «dar forma a las ideas», ya sea creando marionetas, gigantes, cabezudos, escultura o instalaciones. «Mis personajes no son guapos como se entiende en el arte, lo que yo busco es la belleza de la expresión, que transmitan algo», indica.
La mayoría de ellos tiene una sonrisa, que al verlos las personas que van a su casa, sonríen de vuelta. «Cuando la gente que los ve sonríe pienso, ‘objetivo cumplido’. Es difícil ver en una casa tanto humanoide». Además, también ha regalado algunos personajes a escuelas y hay varios en el museo D’elikatuz de Ordizia. «El año pasado hice los personajes de Gau Beltza para una escuela, y ahora he hecho una pareja de caldereros para otra. También hice varios personajes del cuento de Zozomikote que escribió Patxi Zubizarreta, y cuatro bustos para unas jornadas sobre educación que reflejan las cuatro órdenes religiosas que ha habido en Ordizia»
Esculturas sociales
Pero además, en sus trabajos también tienen espacio las esculturas, con temas más sociales. «Me interesa mucho el tema de la mujer, es un tema recurrente en mis trabajos; también trato mucho las desigualdades y la inmigración», explica. Para ello, sus obras están llenas de simbolismo, como el globo terráqueo, «que simboliza la globalidad, que es un problema de todo el mundo, no sólo local», los bustos de mujer, o las figuras verticales. «Me interesa la verticalidad, me parece como que estás pidiendo algo a Dios. Yo pido mucho, y agradezco mucho también».
Entre sus esculturas destaca una instalación titulada ‘Ehun emakume’, con más de cien figuras de mujeres, unas lloran, otras gritan, otras tienen el lazo rosa o la bandera arcoiris. Es una representación de nuestra sociedad». Tiene también ‘la hoguera de las maldades’ en el que un grupo de brujas queman «la intolerancia, la homofobia y todo lo que sobra en la sociedad»; o un grupo de pateras que simbolizan el problema de la inmigración, «son trabajos sencillos, pero a los que los ven juntos les impacta».
Ropa usada y papel
Sus trabajos no buscan la perfección, y de hecho, admite «que soy más intuitiva que técnica». Pero con esa intuición da una segunda vida a todos los materiales que hay en casa: botellas de detergente, ropa usada, periódicos viejos… «Los gigantes están vestidos con ropa que ya no utilizamos o que me regalan amigos que conocen lo que hago. Todo está reutilizado, y la cola la fabrico yo en casa».
El año pasado realizó dos exposiciones, una en el Palacio Barrena de Ordizia y otra en la Casa de Cultura de Loiola, de la que guarda muy buen recuerdo. «Me encanta que vengan los niños, para que vean que en vez de echar los materiales al basurero, se pueden reutilizar con un poco de idea que tengan».
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